16 mar. 2015

NURDIN, EL APATRIDA 



2015 El Prat de Llobregat (Barcelona)

El Sahara español fue una colonia y posteriormente, provincia española en África.
En 1975 se firmó el Acuerdo Tripartito de Madrid mediante el cual España, que estaba en proceso de descolonización del Sáhara, cedió la administración del territorio, pero no la soberanía, a Mauritania y Marruecos. Es por ello que el Sáhara sigue siendo hoy legalmente, territorio español.
En 1976, después de la marcha verde de Marruecos sobre el territorio, España lo abandonó. Desde ese momento, el Frente Polisario proclamó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y emprendió una guerra de liberación contra Mauritania y Marruecos, para conseguir la independencia del territorio. En 1979 Mauritania se retiró de su zona debido a los ataques del Polisario, quedando como único adversario Marruecos, que a su vez ocupó y se anexionó la antigua zona de ocupación mauritana, sin ningún reconocimiento internacional.
El triste final de esta contienda fueros los campos de refugiados saharauis.
Las condiciones de vida en ellos son duras. La mayoría de la población vive en tiendas, sin agua corriente, y depende de la ayuda internacional externa para subsistir. ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos estiman que dos tercios de las mujeres sufren de anemia, y un tercio de los niños sufre de desnutrición crónica.
Las asociaciones de amigos del pueblo saharaui organizan desde hace años el programa "Vacaciones en paz", una iniciativa que permite a los niños de este pueblo en el exilio vivir durante julio y agosto acogidos en hogares de familias españolas, con los objetivos de lograr que los pequeños tengan una oportunidad de conocer otra cultura, idioma y costumbres y aprovechar para ser examinados médicamente.
En 1991 llegan los primeros pequeños a España. Este es el caso de Nurdin, que a sus 4 años fue acogido en Barcelona por Jesús y Pepi.
Lo que en un principio fue una acogida, se tornó en profundo cariño mutuo, compartido también por los tres hijos del matrimonio, que aceptaron a Nurdin como un hermano más.
Poco tiempo después y tras intensas conversaciones con Nayat, la madre del chico,  Jesús y Pepi consiguen su aprobación y los papeles legales necesarios para la adopción de Nurdin, siendo desde entonces la madre biológica quien se desplaza cada año al domicilio de la pareja para ver a su hijo.
Hoy, a sus 19 años Nurdin está estudiando Ingeniería Mecánica y sueña con dedicarse a la ingeniería naval y ayudar de alguna manera a su pueblo, sin menoscabo del profundo amor y agradecimiento que profesa a sus padres adoptivos, quienes, por otro lado, han sufrido un verdadero calvario, no en el Sahara, sino aquí en nuestro país, por culpa de la burocracia. Se tardó años en tramitar el permiso de residencia para que Nurdin dejara de ser injustamente un apátrida. Lo consiguió una abogado social, experta en estos temas, después de haber pasado por muchos otros abogados que no aportaron soluciones.

Ahora que ya ha pasado el tiempo legal requerido, Jesús y Pepi están por fin a punto de conseguir para Nurdin su Nacionalidad Española.

1 jul. 2014


ANTONIO Y JUANI 


2014 Moll de Drassanes (Barcelona)

Después de realizar este robado de los dos ancianos y percatándome de que fui pillado después de tirar la foto, decidí entrar en contacto con ellos y darme a conocer, consiguiendo que aquel fuera uno de esos momentos increíbles a nivel humano que uno tiene la suerte de vivir como fotógrafo.
No se enfadaron por robarles su intimidad, ni mucho menos. Antonio, de 84 años y Juani con 81, tenían un semblante apacible, feliz diría yo, y cuando se confiaron en la conversación se volcaron para explicarme cada uno de ellos la historia de su vida en común.
Una historia que no por ser conocida es menos importante, ya que es la de muchos de nuestros abuelos. La de aquella generación que no tuvo infancia, que superó una y hasta dos guerras cargadas de horror y que como premio a todo ello, acabó emigrando a otras zonas del país, o al extranjero, con la familia a cuestas y muy poco más, buscando un trabajo que dignificara sus vidas y sobre todo su vejez.
Esta amable pareja andaluza era una de las muchas protagonistas anónimas que trataron de olvidar odios, rencores y penurias para dedicarse a levantar un país decrépito y arruinado por la Guerra Civil. Antonio, como capataz de obras. Juani, como cocinera de hospital.
En su penúltima etapa, la vida les había respetado por fin, ganando lo suficiente para comprarse un pisito, seguir adelante como pareja y dar estudios a sus tres hijos.

Ahora que ambos entraban en la recta final de sus vidas, lejos de deprimirse o entristecerse, se arreglaban cada tarde con sus mejores telas y, fuese invierno o verano, salían a pasear por el paseo marítimo barcelonés. Pero siempre con esa sonrisa en sus rostros, cogidos de la mano y transmitiendo una poderosa sensación de haber hecho bien las cosas.