30 sept. 2011

Aún no me llega



No, aún no le llegaba.
Se acercaba la hora de comer y ese sábado frío y lluvioso se mostraba poco amigable y muy rácano a la hora de premiar su arte.
Era bueno en lo suyo, muy bueno. Pero la calle tiene eso: es dura e injusta. Y más en una gran ciudad como Barcelona.
Cuando entre sonoros aplausos finalizó su número, muchos siguieron su camino comentando y valorando lo que habían visto.
Los menos, colaboramos premiando merecidamente su arte. Es lo que suelo hacer cuando alguno de estos artistas vocacionales me hace perder unos minutos vibrando con su trabajo, que es bastante a menudo.
Eso me hace sentir vivo, muy vivo.
En esos momentos, me considero afortunado de vivir en una ciudad tan grande y cosmopolita, que me permite disfrutar libremente de estos grandes artistas, mientras me acaricia una casi permanente brisa y el sol me calienta el cogote. Bueno, ese sábado no. 
Mientras volvía a casa, me lo imaginaba  una y otra vez.
Quizá no pudiera comer, pero con un poco de suerte seguro que por la noche podria cenar un frankfurt y una cervecita en algún bar. Seguro que sí.

28 sept. 2011

En el recuerdo



Septiembre de 2006. Un reconfortante paseo por el siempre mágico Pais Vasco. De tan cerca que lo tengo, no lo conocía. Siempre de paso, siempre corriendo.
Tuvimos una buena oportunidad con una casa rural en la desembocadura de la ría de Mundaka, frente a la isla de Izaro. Sí, aquella de "Izaro films presenta"... y cómo se encontraba a medio camino de todo lo que teníamos previsto visitar, la aprovechamos.
Casi por casualidad, nos enteramos que en Azpeitia había un museo del transporte y un tren histórico a vapor, en perfecto estado de revista. Este bello convoy recorre ahora unos 4 km de una vieja linia. Aprovechando la visita a Zarautz y al Convento de Santo Ignacio de Loyola, hicimos un paréntesis para disfrutar de este oasis en el paso de la historia.
Me vuelven loco los trenes. Antiguos y modernos. Me encanta lanzarme a 310 km/h, sin notar apenas movimiento, viendo NO pasar el paisaje. Pero viajar en trenes que no superan los 80 km/h, con la cabeza apoyada en la ventana, mirando al infinito, sin pensar en casi nada, mientras el sol me calienta los brazos y la cara, esto para mí no tiene precio. Y si afuera llueve o persiste una cierta niebla, todavía mejor.
También podemos disfrutar otros encantos: una cena para dos con el tren en marcha, mientras saboreas un buen vino, o cava. Hacer el amor con el tren parado en Lyon (a toda prisa, porque sólo se detiene media hora y si es en marcha, el balanceo no es el mejor aliado). Qué sé yo! ¡Tantas y tantas cosas!....
Pero esta mañana, mientras los viciosos de la foto nos movíamos arriba y abajo de este encantador trenecito histórico para buscar la mejor toma, vi algo que llamó toda mi atención. Esta chica.
Permanecí mirándola un cierto tiempo, no sé cuánto, ni me importa.
Apenas pestañeaba, mientras su mirada se perdía en sus historias, sus fantasmas, o sus recuerdos. ¡Qué encanto!.
Me enamoré de estos ojos, no porque eran bonitos, que también, sino porque me estaban transmitiendo 322.000 películas, casi todas de amores frustrados, de pasiones rotas, o quien sabe, quizás también de ilusiones y esperanzas. De aquella alegría que a uno lo invade cuando alguien espera al final del trayecto.
Podría escribir centenares de estas historias, mientras la miraba. Tantas, que mejor no escribo nada en absoluto. Lo quiero dejar así porque sé que cada uno de vosotros os inventaréis la vuestra, mientras la miráis.
Tuve el tiempo necesario y suficiente, para encuadrar, medir, y disparar (el tren ayudaba porque circulaba despacio). Posteriormente, ya en casa, pequeños retoques para resaltarla del entorno, un viradito a b/n y ya tendría lista una bonita fotografía.
Cuando volví al asiento, mi mujer me preguntó cómo había tardado tanto en hacer la foto. Mientras desconectaba la cámara y con la boca pequeña, le contesté que me había enamorado de un ángel.
Ella me miró, me dió una patadita (de las que no dejan morado, por si las denuncias), y volvió la mirada hacia la ventana para seguir disfrutando del paisaje.
Por el reflejo del cristal me di cuenta que estaba sonriendo.

20 sept. 2011

Al rico auricular

2011 Vista en Londres, sobre cualquier marquesina del Bus.


Epecímen: Guiri Multipatrida Despreocupatum

Características: Humanoides en estado vacacional que utilizan aquellos autobuses de dos pisos destinados a la visita turística y panorámica de una ciudad cualquiera, en este caso Londres.

Ubicación: Piso superior de un autobús, lado izquierdo en sentido de la marcha, posiblemente sentados en los asientos laterales conocidos como de ventanilla.

Estudio: El rasgo común que define a estos especímenes es el enorme sufrimiento que padecen cuando, sin previo aviso, los auriculares con los que escuchaban atentamente las informaciones turísticas que una amable voz en off les proporcionaba, abandonan sus oídos de forma violenta al detenerse el Bus Turístico en una parada, cayendo curiosamente sobre el tejadillo de la marquesina.
En un extenso estudio de campo realizado este setiembre en Londres, se comprobó científicamente la atracción que ejercen esas plataformas sobre todo tipo de auriculares, incluso los de marca Pionneer.
Dicho fenómeno se extiende a todas las marquesinas del centro de la ciudad por las que pasa el Bus Turístico, llegando al punto de poder identificar a cual de las dos líneas operantes pertenece determinado juego de auriculares, con solo fijarse en el color de los cables.
Por ejemplo, color granatoso: Big Bus. Color rojo, la otra línea (?)
Siguiendo un intensivo programa de reciclaje ecológico, la dirección de la linea Big Bus nos informó en rueda de prensa que cada noche sus servicios de limpieza recogen de las marquesinas los auriculares de color granate, que son los suyos, los introducen en bolsitas de plástico y los dejan en cada uno de los autobuses de la línea, en la bandejita existente al lado del conductor, para que puedan ser de nuevo operativos al dia siguiente.
La otra compañía, huyó de la rueda de prensa sin emitir declaraciones o informe alguno.